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ONOFRE LOVERO: EL ALMA Y EL TALENTO DEL TEATRO PORTEÑO

11 de septiembre de 2009

Brindó una charla abierta en el Centro Cultural Devoto junto al actor Esteban Massari

“No me diga señor, dígame Onofre”, interrumpe amablemente Onofre Lovero a un vecino que le hace una pregunta. Ese gesto de humildad da cuenta de la personalidad de este hombre de contextura robusta y facciones suaves, en un rostro que no refleja sus 84 años. Reacio a usar micrófono, se toma tiempo para responder y cuando lo hace, la dicción pausada y clara proyecta su voz teatral hacia una audiencia que lo escucha con atención.

La charla se desarrolla en el marco del encuentro sobre los orígenes del teatro porteño, organizado por el Programa “Cultural en Barrios” del Gobierno porteño, en la sede del “Centro Cultural Devoto” (Nueva York 4169). Allí, el 9 de Septiembre pasado más de medio centenar de personas prefirieron disfrutar de las palabras de Onofre Lovero, en lugar de hacerse malasangre con la transmisión del partido entre Paraguay y Argentina.

Onofre tiene como ladero a Esteban Massari, otro destacado exponente de la escena nacional, que oficia como guía de una charla tan desacartonada como atractiva. Explica que la ciudad de Buenos Aires es conocida como la capital del teatro de habla hispana, gracias a sus más de 200 salas. Una tradición con la que Onofre tiene mucho que ver. “Este movimiento se inició por 1952 –explica- con la creación del Teatro de los Independientes, ubicado en la calle San Martín 766 que en la actualidad es el Payró”.

Onofre admite que en todo proceso teatral existe algo de magia. “En aquella época trabajaba en la editorial Abril y con un amigo íbamos todos los días a tomar un café a un lugar llamado La Scala, pero un día dejamos de concurrir. Después de un tiempo regresamos encontrándonos con un salón desmantelado, que a mí me pareció muy escenográfico. Entonces buscamos al responsable del salón. Era una persona que lo ocupaba fraudulentamente y tenía un pleito por una suma importante de dinero, fue entonces cuando le propuse hacernos cargo de la deuda a cambio de que desistiera de su contrato para poder quedarnos con el predio. Fue así que con la participación de toda la gente involucrada con el teatro, llevamos adelante lo que hoy es esta tradicional sala de San Martín y Córdoba”.

Massari remarca luego la influencia de los maestros que vinieron de Europa, como Crilla, los Vehil y otros, quienes desplazados por la guerra, dieron origen a una mezcla entre los teatros independientes, criollo y argentino. “La actriz española María Guerrero –cuenta- hizo una fortuna con su profesión y, siendo dueña del teatro Cervantes, lo donó a la Nación”. De los teatros actuales, 190 son independientes. “La expansión de la actividad –intenta explicar Massari- está motivada por la demanda social, que da el espacio para que muchas personas hagan teatro, influenciadas en satisfacer sus necesidades artísticas, postergadas por razones personales”.

Lovero lo observa atentamente y luego interviene. “Ocurre que durante muchos años los jóvenes estudiaban teatro pero ni lo hacían ni iban a verlo, en cambio ahora lo estudian y también lo practican, forman sus propias compañías y sus grupos que vemos incorporados en las carteleras que publican los medios”.

Para Massari el auge del teatro tiene que ver con un cambio en los paradigmas sociales. “Antes los padres se esforzaban en que sus hijos estudiaran para que fueran médicos, abogados o arquitectos, porque eso les garantizaba una inserción laboral de retornos económicos inmediatos. En la actualidad eso ha cambiado y en la calle la gente me confiesa que le hubiera gustado hacer teatro, pero que sus padres le exigían un título universitario”.

El teatro independiente ha tenido una vida intensa y propia, incluso durante los oscuros años de la dictadura. “Durante la época militar –evoca Onofre- nos ingeniábamos para hacer teatro. Recuerdo que ensayábamos escondidos debajo de los escritorios. Por eso cuando escucho decir que hay falta de recursos, contesto que están en cada uno de nosotros. El teatro seguirá sosteniéndose como lo hace desde hace miles de años sin que ninguna dictadura lo acorrale”. Massari también vivió desde adentro aquellos años y aún mantiene frescos los recuerdos. “El teatro, como protesta cultural, fue una acción que puso en peligro la libertad y la vida de muchos actores independientes en la Argentina. El teatro El Picadero, por ejemplo, fue incendiado y a pesar de ello continuó esta expresión artística que acorraló a los militares para su retirada”.

Un joven le pregunta ahora a Lovero qué fue lo que lo motivó a dedicarse al teatro. “Fue antes de razonar como adulto que ya sentí el llamado. Tenía antecedentes familiares de un tío que había sido cantante y de un primo que fue comediante”. La mención de su hermana menor merece un capítulo aparte. “No pude convencerla para que me acompañara. Ella había estudiado piano y se recibió de profesora. y le decía que si bien marcaba las notas correctamente, no llevaba el ritmo musical. Entonces me amenazaba con dejar de acompañarme en la ejecución de algunas romanzas de ópera. A veces risueñamente recordamos esa época y le digo que lo mejor que pudo haber hecho es haber vendido el piano”.

Destaca que su ópera prima como director fue la obra “En Familia”, de Florencio Sánchez. “La hice cuando estaba en 6º Año del Nacional, y para conseguir los personajes femeninos tuvimos que recurrir a las hermanas, primas y novias de los que participábamos, porque el colegio era sólo de varones”.

Uno de sus hitos artísticos fue la puesta de la “Ópera de los dos Centavos”, de Bertolt Brecht. “Yo entendía algo de alemán pero una señora muy amable me fue explicando palabra por palabra y una vez que estuvo integrada hubo que musicalizarla, pero como yo no entendía de música, recurrí a la onomatopeya y busqué a un músico amigo. Así logre la música, y luego comencé a poner palabras copiando las partituras en papel transparente. Hicimos una versión con Haydée Padilla y un buen día la puse en escena, todavía me acuerdo la melodía de memoria”, y comienza a tararear eufóricamente para luego continuar, “El nombre original era tres centavos y pero yo le puse dos centavos porque no buscaba la traducción literal sino el espíritu de la obra para identificarla como la más barata, no vale dos guitas”.

La voz de un joven estudiante de teatro se escucha entre los presentes para pedirle un consejo y Onofre accede a pura sonrisa. “En este oficio nunca se termina de aprender, cada día se recoge algo más. Les digo que estudien intensamente y se completen en el escenario, porque en él se terminan de hacer como actores”. Y Massari agrega “hay que ir tras el deseo que es un alimento constante para cualquier disciplina artística. Ese es el secreto”.

Y si de secretos se trata, Onofre da una pista sobre aquel que lo mantiene tan activo y jovial. “Hoy todavía me sorprende que me señalen o me premien en alguna cosa. Creo seguir teniendo una mente joven y me doy cuenta por lo que veo crecer a mi alrededor, porque todos los días invento algo o acompaño a otros. Esto me mantiene con una frescura que no corresponde a mi edad”.

La charla llega a su fin, pero la magia que emana del talento y la humildad de Onofre Lovero queda flotando en el salón. Muchos destacan el privilegio de haber podido ver y oír en persona a este hombre que engrandeció la escena nacional, y entonces el aplauso cálido y natural lo cubre una vez más del cariño de su público. Un merecido premio que está acostumbrado a recibir pero que, una vez más, le endulza los oídos y el corazón.

Susana Arias, Horacio Raigorosky, Sandro Fioravanti y Roberto de Dios Herrero (integrantes del Taller de Redacción Periodística que conduce Ricardo Daniel Nicolini, en el Centro Cultural Devoto Villa del Parque)
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