Doná sangre

Árbol que me hiciste mal…

3 de agosto de 2010

Alberto Williams (1862-1952) compuso la Milonga del Árbol, un tema que por años integró el obligatorio cancionero escolar argentino y cuya estrofa inicial dice: Es el árbol un amigo/ que obliga a la gratitud./Nos da sombra, nos da abrigo/ nos da cuna y ataúd.
Menos poética, Margarita podría decir que el añoso plátano que yergue frente a su casa de la calle Thompson sólo le dio dolores de cabeza. Es que el ejemplar superaba la altura de la vivienda y se deshojaba sobre la azotea, taponando el desagüe pluvial y generando múltiples daños a la construcción.
Cansada de ver como su propiedad se deterioraba, Margarita pidió al Gobierno de la Ciudad la poda del intrusivo plátano. Como las autoridades no atendieron la solicitud, contrató a una empresa especializada para que recortara las ramas que avanzaban sobre su azotea. Pero la suerte no estaba de su lado; justo cuando los operarios iban a empezar la tarea apareció un patrullero de la Federal cuyos ocupantes le advirtieron que sería detenida por la comisión del delito de daño.
Indignada, Margarita demandó por daños y perjuicios a las autoridades porteñas. Un juez entendió que siendo la Ciudad la dueña del plátano era – por imperio del Código Civil – la responsable de los daños que el árbol la había ocasionado a Margarita y ordenó al Gobierno que resarciera a la mujer con 13 mil pesos más los debidos intereses.
Pero la vecina de la calle Thompson no fue la única a la que le tocó lidiar con las autoridades por culpa del arbolado urbano de alineación, nombre técnico de los simples árboles de la vereda. Al respectó, la Defensoría del Pueblo recopiló 254 casos de vecinos que recurrieron al organismo luego que fracasaran sus gestiones ante el Gobierno de la Ciudad.
Algunas presentaciones requieren la poda de ejemplares para evitar afecciones alérgicas, obstrucciones a las luminarias que generan inseguridad, suciedad, taponamiento de desagües pluviales e invasión de alimañas en los hogares.
Otras demandan el corte de raíces de árboles añosos que destruyen las veredas y penetran bajo las viviendas ocasionando levantamiento de pisos y otros daños.
Sobre estos últimos casos, la Defensoría opinó que no sólo afectan a los frentistas, sino que, al destruir progresiva e ininterrumpidamente las aceras, generan un riesgo cierto para la integridad física de eventuales transeúntes; más aún, cuando se trata de personas de edad avanzada o que padecen alguna disminución motriz.
En una resolución de fines de 2008, el organismo elevó al Director General de Espacios Verdes de la Ciudad, Julio Waisman, un detalle de las 254 quejas recibidas y le recomendó solucionar los problemas. Asimismo, solicitó a las más altas autoridades del Ministerio de Ambiente y Espacio Público que fiscalizaran el cumplimiento de la tarea.

Luis Alberto Serres

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