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Crónicas de una Mujer Histérica

17 de marzo de 2011

Las noches como hoy no están hechas para gente soltera. Menos si sos mujer soltera. A ver, voy a situarlos en tiempo y espacio.

Buenos Aires. Julio, pleno invierno, y en vísperas de Mundial. Hace frío, claro. Como si fuese poco, llueve. Mas que lluvia, una garúa finita, romántica, rozando lo cursi. Encima, fin de mes: no hay plata ni para el taxi. Yo: sola, escuchando bossa nova, con ganas de salir. Complicado. Mis amigas solteras, sin un peso para el bondi, huyen a la sola idea de enfrentarse al tan temido frizz en el flequillo, o a la bota de cuero sumergida accidentalmente en el incipiente charco de agua.

La situación es muy distinta con la aparición de un novio, chongo, filito, amante, pinocho. La noche comenzaría con un mensaje vespertino. “Te invito a mirar una peli a casa”. La noche, entonces, arranca a las siete y media de la siguiente forma.
Lo primero que ponés es el cd de Madonna o Pop radio. Lo siguiente que ponés, claro, es la cera vegetal verde, esa que no dá mas de lo quemada que está, a calentar en la hornalla de la cocina. Abrís la ducha y te metés adentro, sabiendo que de una, o te cagás de frio, o te cagás quemando. Acto seguido, te enjabonas todo el cuerpo, te lavás el pelo, y te pones crema enjuague dos veces. Pantene, obvio, y la dejás actuar la segunda vez. Después, te sentás en el piso con la esponja vegetal en una mano y la gilette prestobarba en la otra. Te rasurás las piernas, el cavado, y hasta podés llegar a rasurarte la juntura de las nalgas (eso dependerá, claro está, de la proporción de testosterona que una tenga en el organismo). Te enjuagas el pelo (de la cabeza) y te sacudís el pelo rasurado (de las partes).

Salís y te secás. La cara, el torso, brazos, piernas, y te envolvés el toallón en el pelo. La cera, para ese momento, si no está pelando, está lista para su uso. En pelotas, vas hasta la cocina y agarras el recipiente. Con su respectivo palito de madera, procedés a desparramar la volcánica sustancia en axilas y bozo, rogando que en ese momento no se le ocurra a tu hermano volver del club ni a tu viejo del mecánico. Te soplas las axilas para que seque, y cuando esté listo.. ¡¡¡TAAAAA!!! El tirón. Procedés de la misma forma dos y hasta tres veces, hasta lograr una superficie lisita y colorada como culo de mandril.
Listo. Te sacas el toallón de la cabeza, y sacas el gel granulado del botiquín. Te vas a hacer masajes en la cara hasta que te sangre, creyendo siempre que así lograrás una piel tersa y luminosa. Acto seguido, te encremás todo el cuerpo con la crema de Natura con frutos del Amazonas, que te costo un ojo y un riñón, pero que estás convencida que te quitará esos quilos, celulitis, várices, y/o años de más.

Si tenés pelo con rulos: planchita. Si tenes pelo lacio: crema para peinar o bucleadora. Te vas al cuarto y te elegís el outfit más sugerente y casual al mismo tiempo que tengas. ¡Uy! Te olvidaste del desodorante. Te lo ponés y, obvio, te mancha la remera negra con un halo blanco, blanquísimo, e insacable. Agarrás el teléfono y te pedís un remis. “De quince a veinte minutos”. Una hora, seguro. O el hijo de puta va a llegar a los cinco minutos cuando todavía estás eligiendo la cartera.
Volvés al baño. Corrector de ojeras, base, rubor, rimel, delineador, sombra, iluminador, brillo para labios, perfume. Suena el timbre. Es el taxi. Te abrigás y salís rajando: se hicieron las diez de la noche.

Llegás a la casa del macho. Te está esperando en joggineta hace una hora y media, por lo cual ya se tomó dos vasos de fernet, una Quilmes de litro, miro la repetición del partido Ing-Esl y el final de la película Hombres de Honor. Pidió unas empanadas o una pizza, compró un dvd barato, de mala calidad y en gallego, y llevó al sillón las almohadas del cuarto de los padres, que esa noche están en la quinta, el country, o el cumpleaños de alguna tía.

La noche sigue sin sobresaltos: película, empanadas, cerveza, mimo, enterrada de pinocho, y dormilona. Dos opciones: te quedás a dormir, si tiene calidad de novio, o te pedís un taxi a las cuatro de la mañana, en calidad de chongo.
Y te volvés a tu casa, habiendo hecho lo mismo que la semana pasada, con el mismo o con otro, pero te aseguro que es LO MISMO QUE VENÍS HACIENDO DESDE LOS DIECISIETE AÑOS.

Volviendo. A mi esto no me pasa. No hay novio, chongo, filito, amante, ni pinocho. Así que me quedo en casa, escuchando bossa nova y puteando a mis amigas que no salen, o, con un poco de suerte, salgo con el que encontré en el facebook y pegás la mejor noche de tu vida.
Yo digo.. ¿alguien quiere hacer algo esta noche?.-

Zahira Nahir

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