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Vecina de Villa Real reporteada por “Clarin”

12 de abril de 2013

Alicia MartinezA nuestra Vecina y Amiga Alicia Graciela Martínez, el “Gran Diario Argentino”, le realizó una entrevista, dado que había sido el cumpleaños del Barrio “Mas Pequeño” de la Ciudad, como ella lo denomina a Villa Real, y por su incansable predisposición porque reconozcan la identidad del mismo. Aquí la nota.

Luis Alberto Serres

 

El barrio es chico, pero ella es su gran fanática

Por Nahuel Gallotta

Acá es ley; todos afirman lo mismo: “Si lo cruzás a Carlitos Bianchi y le decís que sos de Villa Real, frena y se acerca a saludarte. Es la única manera que le hable a un desconocido”. Acá están convencidos, citan casos puntuales de vecinos que lo hicieron; lo juran. Acá es Villa Real, a metros del límite con el conurbano, altura de Tres de Febrero; uno de los barrios más pequeños y menos poblados de la Ciudad de Buenos Aires. De los últimos en ser adoquinados. Y, además, el lugar donde se crió el actual entrenador de Boca Juniors.

Villa Real tiene 134 manzanas y se estima que viven, aproximadamente, 13 mil habitantes. Y fanáticos. O fanáticas, como Alicia Martínez (53), que debe ser la única mujer que compró y tiene guardada una revista El Gráfico. Y no porque fuera fanática del fútbol. En enero salió un especial sobre Ramón Díaz y Bianchi. Ella quería leer qué decía el Virrey sobre su barrio. Toda la vida de Alicia tiene que ver con “el barrio”. Ahora, con la designación del Cardenal Bergoglio buscó fotos de una visita que hizo en la Iglesia local y las publicó en las redes sociales. Comentó “el Papa en el barrio”. Y así siempre.

Alicia forma parte de la Junta Histórica del barrio; dice que la vida en las calles de Villa Real es distinta; que desde su casa puede escuchar pajaritos. “Me gusta el microclima del barrio. Acá siento que vivo de vacaciones. Vivir en Villa Real es como vivir en la Costa: una tranquilidad… Tenés que ver a la gente en verano. Todos en ojotas, los varones en cueros. Somos los mismos de siempre”.

Villa Real comienza cruzando la avenida Lope de Vega, hasta General Paz. Los otros límites son la avenida Beiró y las calles Baigorria y Nogoyá. Es “zona residencial” para lo que es la Ciudad. Casi que no hay edificios altos y se construye poco. Las casas son todas bajas. A las seis de la tarde, hay señoras que salen a tomar mate a la puerta. Muchas cuadras tienen nombres de poetas. Como Moliere, Víctor Hugo, Virgilio o Lope de Vega. Hay pocos comercios y los colectivos pasan por muy pocas cuadras; generalmente por las que hacen de límite con otros barrios.

“Acá decimos que somos un elenco estable. En mi cuadra y en todo el barrio calculamos que el 80 por ciento es gente de toda la vida. No es como Belgrano, que se te muda alguien de Temperley, por ejemplo. Hay casas en las que hoy vive un tataranieto. Lo nuestro es mucho amor por el barrio. Somos pasionales”, dice Alicia, en el buffet de Villa Real, el club del barrio.

Acá, casi que no hay nenes. Con dos escuelas alcanza para todos. La gente no se renueva. Acá ocurre, cuando hay robos, que los vecinos se acercan y le preguntan a la víctima si desconfía de los pibes del barrio. Porque ellos conocen a la familia de todos y pueden ir, tocar la puerta y preguntar. Pero buena parte cree que los asaltos son por la cercanía con Fuerte Apache. Algo que es más mito que realidad.

Alicia hizo muchas cosas para que el barrio se haga más conocido. Muchas, luego de volverse loca. O indignarse. La ponía de mal humor leer en el diario avisos de inmobiliarias que ofrecían casas en Versalles o Devoto cuando en realidad estaban en Villa Real.

Entonces ella llegaba a la puerta de la inmobiliaria, entraba y no preguntaba por el metro cuadrado o por el precio del alquiler. Quería saber –no preguntaba– por qué vendían diciendo que la vivienda estaba dentro de los límites otro barrio y no nombraban a Villa Real. A las nuevas vecinas que llegaban creyendo que habían comprado en Versalles o Villa Devoto, Alicia les tocaba el timbre, se presentaba, se ponía a su disposición como vecina y les decía que habían sido estafadas por la inmobiliaria: que habían comprado en Villa Real.

En la esquina de Tinogasta e Yrigoyen, pasó algo similar. Allí funcionaba la estación Villa Real. Pasaba un tren que unía Sáenz Peña y Villa Luro. Hasta 1939. Después se construyeron las oficinas de la Corporación del Transporte. Para los 90 llegó la construcción. Una manzana de duplex con seguridad privada. Las únicas del barrio que todavía tienen custodia. Hasta ahí todo bien. El tema fue ver el nombre del complejo el día de la inauguración. Fue bautizada como “La manzana de Versalles”. Era como que en Núñez un complejo se llame “La Boca”. Alicia y la Junta Histórica no podían permitirlo. Era un puñal al corazón para todo un barrio. Hoy, después de muchos años, reuniones y permisos en la Legislatura porteña, hay una placa en esa esquina. Fue una movida vecinal. Recuerda a la estación y deja en claro qué territorio es. Uno de los menos poblados, uno de los más pequeños. La cuna de Carlitos Bianchi. El paraíso para locos como Alicia y la Junta, que se ponen más locos cuando no se respeta al barrio.

 

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