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DIAS DE BALNEARIO, NOCHES DE VARIETE (1° Parte)

14 de febrero de 2014

Balneario Costanera.jpg 10Balneario Costanera.jpg 12Los años dorados de la Costanera SurMario Bellocchio (Gentileza para Revista “Mi Barrio”)

 

11 de diciembre de 1918. Hace 95 años comenzaba en la Costanera Sur una era de veraneos populares nacidos para mitigar los padeceres de miles de porteños cuyos ingresos no les permitían disfrutar siquiera de Mar del Plata. Y la prolongación del esparcimiento, sobre la noche, en los bares con varieté y en el módico parque de diversiones.

Por un momento se saca el rancho y lo usa de abanico. El saco cuelga de su brazo esperando el comienzo de la ceremonia: es preferible que la brisa del río pegue directamente sobre la camisa de Nicanor para aliviarlo del bochornoso calor. Recuerda casi nostálgico la nevada de junio, nunca vista; hasta un muñeco de nieve pudo hacerle a los pibes que ahora corretean por la nueva rambla. Su esposa y sus padres ocupan el pequeño sector de un banco adonde llega la incipiente sombra de uno de los retoños de plátano con que la Municipalidad pretende arbolar el paseo. Llegan más automóviles descapotados. Algunos audaces los arriesgan en las orillas arenosas del propio río. Los más prefieren los caminos naturales del paseo aunque tengan que mezclarse con la creciente afluencia de bañaderas cargadas de curiosos porteños que vienen a ver inaugurar el nuevo balneario, a despecho de la “canícula”. Cada vez hay más gente a pesar del miércoles laborable. Son como las tres de la tarde y nunca se ha visto por estos lares semejante multitud buscando la brisa del mar criollo y saboreando, por anticipado, el futuro lugar de chapuzón popular. Un chaparrón veraniego produce algunas estampidas hacia los sectores edificados, sobre el espigón. La mayoría, sin embargo, prefiere gozar el chubasco aliviador, ver cómo se humedecen los prolijos canteros cultivados con motivos florales al estilo de los jardines de Versailles, o se desliza el agua por las farolas y los maceteros franceses de bronce que de tan nuevos aún brillan en sectores que no tomaron verdín.
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Los que prefirieron el refugio, mientras tanto, pueden conocer las comodidades de los vestuarios –provistos de duchas, armarios y bancos en casi 400 casillas individuales– para hombres y mujeres en rigurosa división. Y leer el reglamento que exige: …traje completo de baño, de malla (mameluco) o pantalón y saco, debiendo hallarse todas las prendas en buen estado. […] Se prohíbe el uso, para los baños, de calzoncillos comunes o de punto. En todo momento debe respetarse la divisoria de las aguas con sector  masculino y femenino,  convenientemente separados, y el horario de 6 a 11 y de 15 a 19, que intenta prevenir tentaciones de la concurrencia nocturna.
El alboroto indica que llegan las autoridades para inaugurar oficialmente las instalaciones. La banda corrobora la presunción con una fanfarria digna de las fechas patrias. El palco se cubre de galeras, gorras militares, sombreros femeniles y casquetes eclesiásticos. Es realmente una multitud la que canta con los acordes del Himno Nacional. El presidente Yrigoyen corta las cintas junto al intendente Llambías. Monseñor Alberti traslada la bendición del agua a las aguas produciendo un verdadero milagro: que nadie resulte lesionado en el tropel que se lanza al disfrute. Nicanor se prende a la carga de caballería multiplicando sus manos para tomar con ellas a sus párvulos y trasportar el cilindro de lona donde aloja los trajes de baño, mientras su esposa y los viejos prefieren la contemplación desde el barandal de la explanada. Con el vestuario no hay conflicto: agradece Nicanor su par de varoncitos para poder cambiarse los tres en el mismo sector. Ya están listos. ¡Al agua, patos! Los chicos chapotean y agitan las manos saludando a mamá y los abuelos. Nicanor sonríe feliz.
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Las crónicas periodísticas de aquella inauguración proveyeron los detalles con los que puede reconstruirse la historia de aquel día inolvidable. Toda una era de veraneos populares había sido inaugurada ese 11 de diciembre mitigando los padeceres de miles de porteños cuyos ingresos no les permitían disfrutar siquiera de Mar del Pla-ta, por no hablar de la Niza o Biarritz de las clases acomodadas. El paseo costero había llegado para saciar el hambre de horizonte que insensatos rellenos y cercenamientos mercantiles reeditarían años después.

Los comienzos

 Ya Juan de Garay limitaba la concesión de tierras para poder asignarlas a la contemplación de las aguas, protegiendo el tramo costero: …las huertas […] no se ha de dar ninguna desde […] hasta […] por que todo esto es la fuente del servicio desta ciudad para gozar del agua del puerto y rrivera della […] por questas cinco quadras son para el efecto susodicho… (1). Es decir que, desde sus orígenes, nuestra Buenos Aires –entonces Trinidad– sintió el imán del inmenso estuario que terminaría bautizando para siempre como “porteños” a sus habitantes, apoderándose como marca registrada de un apelativo atribuible a cualquier habitante de una población portuaria. Los siglos XVIII y XIX dieron continuidad a esa tendencia –más allá de que el propio crecimiento modificara dimensiones y paisajística– con la aparición de la Alameda como plantación lineal de árboles y defensa de la línea de barran­ca, que posteriores rellenos y urbanizaciones hicieron desaparecer.

Hacia finales de ese par de centurias, los porteños se empeñaban, junto a las autoridades nacionales y citadinas, en afianzar el anhelado sueño de consolidar su ciudad como “la París de América”. El vaho europeizante cubría los ámbitos artísticos, literarios, sociales y, lógicamente, el diseño arquitectónico y paisajístico no escapaba a tal influencia. Ya en 1886, nuestro primer intendente municipal, Torcuato de Alvear, había encargado a su Departamento de Obras Públicas …el estudio de un proyecto para la construcción de una gran avenida, de treinta

metros de ancho, la cual partiendo desde la Avenida Alvear en la bajada de la Recoleta por la orilla del río, recorra desde el malecón de las Catalinas hasta (…el arroyo Maldonado…), e involucraba a su director de Paseos, Eugène Courtois, en parte de su confección. (2)

De los planos a la primera plana

A esos primeros estudios se sumaron muchos otros relativos a las costaneras y su parquización. Sin embargo, el primero que lograría traspasar la barrera del sueño utópico corresponde a Carra­sco, quien reivindica su paternidad luego recogida por el paisajista Forestier y la Comisión de Estética Edilicia. (3) Benito Javier Carrasco (1877-1958), era un ingeniero agrónomo –discípulo dilecto de Carlos Thays– que se desempeñó como director de Paseos entre 1914 y 1918, cargo al que llegó aportando sus trabajos sobre el aprovechamiento de la costa del Plata, entre los que se encontraba un extenso proyecto de 17 kilómetros de extensión, desde el deslinde de la General Paz hasta el Tigre, que incluía completísimos desarrollos en Vicente López, Olivos, Martínez, San Isidro y San Fernando. El mismo Carrasco muchos años después aclararía: …para evitar la difusión del equívoco que existe respecto del origen de la creación de este paseo público (se refiere a la llamada Costanera Sur), y que en 1916 el intendente Gramajo y su secretario de Obras Públicas, ingeniero Aguirre, encargaron a la Dirección de Paseos (a cargo de Carrasco en esos momentos) el …proyecto de transfor­mación de los parajes abandonados en esa parte de la costa, para que se tratara de aprovechar, si fuera posible –construyendo al efecto una pileta de natación– la fuente surgente de agua termal que según se dijo allí existía. La idea directriz […] [era] formar un paseo a orillas del río […] ofreciendo de ese modo al público, la oportunidad de pasear cerca de la costa entre jardines, y gozar al mismo tiempo de la fresca brisa del estuario. (4)
Para esos años, la zona estaba atravesada por una nutrida red activa de vías férreas dedicadas al tráfico portuario, lo que generó en Carrasco la idea de plantearse la tarea en dos zonas: una de ellas de Brasil a Belgra­no y otra de Belgrano a Dársena Norte. En principio, la primera se asignaba a peatones únicamente y estaría constituida por …una amplia rambla de diez metros de ancho sobre el río, […] una faja de jardines donde cupie­ran locales estéticos para diversiones y descan­so, canchas de football, tenis,  etcétera, separada de la rambla por una cortina de álamos que a su vez ocultaban los antiestéticos galpones del Puerto. En la segunda, murallón mediante, se privilegiaba el tránsito vehicular, sin desmedro del paseante de a pie que contaba con un …veredón de diez metros de ancho, adornado con una faja de jardines a ambos lados de la calzada […]. En la intersección de la calle Cangallo se formaba una plazoleta semicir­cular con jardines y pabellones, y en la de Córdoba se dejaba un amplio rondpoint como punto terminal del paseo y estacionamiento… (5)

El diputado Tomás Le Bretón tomó a su cargo acelerar el demorado inicio de obras que finalmente concretaron el rescate de la playa natural, la construcción de la avenida paralela a las aguas, el espigón con sus instalaciones de vestuarios, restorán, confitería y pileta. Y la parquización del entorno con la incorporación de quioscos y recreos que completaron con servicios la vistosa traza irregular de los jardines. (6) Como culminación estética, se llevó a cabo la conveniente mudanza de la Fuente de las Nereidas de Lola Mora al lugar de su actual emplazamiento, aplacando así –de paso– al escandalizado mundillo pacato que hostigaba su antigua ubicación a metros de la Casa de Gobierno.

Este artículo de Mario Bellocchio fue publicado a fines de 2004 –las fotografías “actuales”, tomadas por el autor, pertenecen a esa época– formando parte de la colección de cuadernos de divulgación de Baires Popular como fascículo 11 y se reeditó en tres oportunidades.

REFERENCIAS

1)Referencia a las actuales avenidas Paseo Colón­-Alem entre Moreno y Perón. Buenos Aires, Muni­cipalidad. Garay Fundador de Buenos Aires; Compañía Sud­Americana de Billetes de Banco; Buenos Aires, 1915.
(2) Fue en 1886. Adrián Béccar Varela. Torcuato de Alvear: Primer Intendente Munici­pal. Buenos Aires, Municipalidad, 1926.
(3) Eduardo Schiaffino. Urbanización de Buenos Aires. Buenos Aires, M. Gleizer, 1927. “Proyecto planeado por el ingeniero Benito Carrasco, director general de Paseos en 1916. En él estaba comprendida la idea del balneario actual.” En: “La Nación” (Buenos Aires) 21-3-1912.
(4) Benito Carrasco. El Balneario Municipal. (Algunas consideraciones sobre la urbanización de ciudades Recopilación de artículos publicados por el Ing. Benito Carrasco durante los años 1923 al 26.) Buenos Aires, Los Amigos de la Ciudad, 1927.
(5) Ibídem.
(6) Archivo Dirección de Paseos. Anteproyecto de Parque y Balneario en los Terrenos del Puerto. Plano fechado junio de 1916 y firmado por Benito Carrasco.

 

 

 

 

 

 

 

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