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Una Ciudad con los decibeles elevados y catarata de denuncias

26 de enero de 2015

24 01 Cabildo-Juramento-Midieron-Manuel-Foglia_CLAIMA20150124_0088_27Los ruidos molestos son uno de los temas que más fastidian a los porteños. Según estadísticas del Ministerio Público Fiscal de la Ciudad, la cantidad de denuncias vecinales por este tema se triplicó entre 2007 y 2013, y sólo entre 2012 y 2013 subieron un 56%.

 

Según la ley porteña N° 1.540, de Control de la contaminación Acústica, durante el día no pueden haber más de 65 decibeles en las zonas residenciales y hasta 70 en las comerciales, ya que este último es el tope tolerable de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud. Durante la noche, esos límites deberían bajar a 50 y 60 decibeles en cada caso.

 

Pero en la Ciudad se suelen superar esos topes, y por mucho. Según un estudio realizado hace unos años por la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Palermo, en las principales avenidas, como Pueyrredón, Corrientes o Rivadavia se superaban los 80 decibeles, y en Cabildo y Juramento se llegan a los 131. Por otra parte, de acuerdo a otro relevamiento hecho por Clarín con un decibelímetro, en los alrededores del aeroparque Newbery, cuando despega un avión supera los 90 decibeles, en el subte hay más de 75 y cuando el tránsito arranca en algún semáforo de una avenida pueden llegar a registrarse hasta 80 decibeles.

 

Muchos factores influyen en el ruido. Desde los boliches, que suelen ser causa de numerosos reclamos, hasta el notable aumento del tránsito en los últimos años. También hay algunas cuestiones puntuales, como los ruidos que producen los materiales rodantes y las vías de trenes o subtes que no tiene el mantenimiento que corresponde o directamente ya superaron su vida útil, exactamente lo contrario a lo que pasa en los servicios renovados, como la línea A del subte o los nuevos coches del Mitre, donde el ruido casi no se siente. En el caso puntual del ferrocarril Sarmiento, el tantas veces anunciado y siempre demorado soterramiento de las vías no sólo sería clave para la seguridad y la eficiencia del servicio, sino que también colaboraría con bajar los ruidos.

 

Otras políticas, aunque no tengan el ruido como principal objetivo, terminan combatiéndolo. El Metrobus 9 de Julio, por el cual se corrieron muchas líneas de colectivos hacia el centro de la avenida, permitió liberar calles como Suipacha o Esmeralda, que además fueron peatonalizadas, al igual que más de 70 cuadras del centro porteño.

 

Luis Alberto Serres

 

 

 

 

 

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