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Represión a los Docentes

20 de abril de 2017

Esto que escribo es una apreciación personal que surge de ver cómo se esgrime como excusa de la represión a los docentes, el no contar con un permiso del Gobierno de la Ciudad para la utilización del espacio público.

En mi barrio hace años que los ciudadanos particulares o agrupados en asociaciones vecinales dejamos de organizar actos culturales en espacios públicos.

Por mi experiencia en trabajo social me atrevo a decir que -en general- hemos ido “bajando los brazos”, y en esto tiene mucho que ver el accionar político de los últimos dirigentes. Si bien no se puede negar que los Centros Culturales creados en 1984 cumplen una función importante dentro de la comunidad barrial, entre otras cosas por la gratuidad de los talleres y el amplio abanico de ofertas en cuanto a disciplinas artísticas, se da -y los que observamos como actores involucrados (fui docente en ellos) lo vemos claramente- un fenómeno de alejamiento de los vecinos a la participación dentro de instituciones tales como Bibliotecas, Clubes de barrio, Sociedades de Fomento, etc.

Y a diferencia de los roles más protagónicos que históricamente nos permiten desarrollar estos espacios, en los Centros Culturales existe una línea editorial, coordinación y organización que baja directamente del gobierno de turno.

Desde allí los espacios son alquilados o asignados, los docentes contratados son elegidos, los cupos son controlados, incluso los perfiles de selección de temáticas.

También se les otorgan permisos para realizar actos púbicos, llámese ferias, festivales, encuentros musicales, clases de terapias corporales (gimnasia, yoga), etc.

Todo esto (QUE ES MUY POSITIVO) al mismo tiempo nos debe hacer pensar si no hemos perdido la libertad de poder organizarnos y acceder a la utilización de esos espacios públicos por fuera de ese marco estrictamente dictaminado por las autoridades.

Por ejemplo: Los permisos para realizar actos en espacios públicos requieren autorización. Los requerimientos muchas veces son difíciles de cumplimentar porque se necesita mucho dinero para financiarlos (ambulancia, profesional técnico, seguros, etc.) y eso sin contar con que es casi imposible acceder, de parte del gobierno de la ciudad, a material como escenarios, sonido, estructura…)

Si a eso le sumamos el trabajo “ad honorem” que realizamos quienes damos nuestro tiempo dentro de las instituciones intermedias, luchando muchas veces para retener o invitar a nuevos vecinos a poblar estos espacios, en un contexto de aplastamiento general, de factores que complotan como el miedo, los problemas económicos, grietas, etc. etc. se hace sumamente complicado seguir.

Mientras tanto vamos viendo cómo se permiten emprendimientos privados en veredas, plazas, calles… y nosotros no podemos decidir sobre ello. Porque habrá muchas reuniones, supuesto diálogo y timbreados, pero al final siento que nos van quitando libertades como comunidad organizada.

Repito, es mi visión. La visión de una simple mujer de barrio, que trabaja activamente hace años como otras tantos que conozco y que son ejemplo como compañeros de ruta y amigos.

Por eso, cuando me dicen reprimieron a los docentes porque no cumplían con La Ley, yo pienso: no abrir las paritarias qué es.

 

Marta Pizzo

 

 

 

 

 

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