Coronavirus (Covid-19)

Desamparo

12 de mayo de 2017

Lentamente abrió los ojos. La luz del sol que todo lo cubría le molestó y lo hizo parpadear. Lejanas escenas de su vida desfilaron en apurados pantallazos. Vio a su madre acomodándole el nudo de la corbata aquel primer día del nacional. Vibró hundiéndose en los besos de Lucía. La recordó llorosa  cuando se separaron definitivamente..Qué  cretino había sido. Ella sí lo amaba de verdad.

 

Tenía un fuerte dolor  en su pierna izquierda, no podía descifrar si era más agudo en el tobillo o en la rodilla , o en ambos al mismo tiempo. Le carcomía le punzaba, le latía. Pasaron cinco minutos y entonces reaccionó. Volvió a oir  la explosión. Recordó la confusión, los gritos, los llantos.  Cómo  resistieron sus oídos? La rubia que estaba a su lado…  Qué tristeza!  Qué injusticia! Había chicos, varios chicos, a uno y otro lado del pasillo, los había observado mientras acomodaba su maletín antes de ocupar el asiento. Y el equipo de básquet?. Desbordaba alegría .Se sabían  ya ganadores de la copa internacional. Cantaban  y alborotaban con  maracas de cotillón. Ninguno superaba los treinta años…Si tan siquiera el taxi hubiera pinchado una goma, abordar el avión no hubiera sido posible. Conocía  a la empleada que lo había dejado pasar a pesar  de la hora, la pobre nunca le  había  resultado simpática…  Una gaviota voló acompasadamente. Tenía la garganta seca El mar debía estar cerca pero él no se podía mover. Intentó incorporarse .Sólo logró darse vuelta. Se dio cuenta  que su pierna estaba destrozada por las heridas. El sol fue describiendo  su arco imperturbable  hasta colocarse  en ángulo recto para atormentar aún más  su cuerpo.

 

Apoyó los brazos y acudiendo  a todas  sus fuerzas avanzó una y otra vez Al arrastrar la pierna aulló  por el sufrimiento. Si tan solo tuviera un poco de agua. La boca deshidratada iba limitando la  entrada de  oxígeno. Notó que la tierra era arenosa. La costa  estaría muy cerca  Había  palos y pedazos de alambre que se engancharon en la espalda de su camisa. Unos  trapos anudados que parecían restos de un velero. volaron con una repentina brisa. Trató de  prolongar la sensación de ese  momentáneo fresco. Luego  otra vez, el  sol que abrasaba su piel. El dolor era insoportable. Ya no podía continuar.  Estaría  en África? Intentó sonreír. sobreponiéndose al miedo !Quién llegaría primero, Tarzán o los reducidores de cabezas.. En   un desesperado intento quiso arrastrarse nuevamente. Los  músculos de  sus brazos se acalambraban. ya no sentía  las piernas La insolación le impedía pensar. Ël, que odiaba los días grises deseaba que un milagro opacara esa bola de fuego. El suelo hervía. Todo giraba, giraba, quería alcanzar  la cara de Lucía … pero se alejaba, se alejaba…

 

Después de  cuatro  días el helicóptero lo rescató. Como había deseado estaba lloviendo, pero su corazón ya no latía.

 

 

 

                                                           Rosa de la Fuente

 

 

 

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