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Lo que no le preguntan a Burzaco

6 de diciembre de 2017

La crisis desatada por el “Fifagate” ocurrió unos meses después de la muerte de Julio Grondona, máximo dirigente de la AFA y Vicepresidente de la FIFA.

 

El escándalo ocurrió -más precisamente- el 27 de Mayo de 2015, en pleno paraíso financiero a nivel global: Suiza, en el evento de una entidad que se siente muy cómoda allí. Tan cómoda, que tiene su sede mundial en Zurich: la FIFA.

 

Mientras los grandes dirigentes/empresarios del fútbol global se preparaban para la asamblea, el FBI realizó un operativo sorpresa en el hotel donde se realizaría ésta, y detuvo a siete de los catorce imputados.

¿A que no saben quién zafó? El protagonista de esta nota: sí, el mismísimo Alejandro Burzaco. Como la asamblea iba a desarrollarse en un salón del lujosísimo hotel “Baur au Lac”, Ale se hizo el turista y no pudieron detenerlo.

 

Luego de estar prófugo durante casi dos semanas, el entonces Director ejecutivo de la poderosa compañía “Torneos” (antes “Torneos y Competencias”) se entregó por consejo de su abogado. Y estuvo bajo arresto domiciliario, en su casa de la ciudad italiana de Bolzano.

 

La causa la había iniciado la Fiscal General de los Estados Unidos, máximo eslabón jurídico de ese país. Es que el gigante del norte había sido “rebotado” para organizar el Mundial del 2022, pero los yanquis habían recibido como premio consuelo la organización de la Copa América Centenario.

 

Pero empezaron a revolver papeles y… aparecieron cosas raras. Concretamente: “supuesta utilización de cohecho, fraude y lavado de dinero, para corromper a la apertura de los medios de comunicación y los derechos de comercialización de los juegos de la FIFA en América, que se estima en U$S 150 millones, incluye por lo menos U$S 110 millones, en sobornos relacionados con la Copa América Centenario”.

 

Ahí es donde empieza a jugar Burzaco como el “super buchón de Manhattan”, y del que temen muchos dirigentes: después de estar preso durante un año y medio, pagó casi veinte millones de dólares de fianza. Ahora puede trasladarse hasta no más de 150 kilómetros de esa ciudad. No tiene vigilancia, pero sí una tobillera electrónica.

 

El director ejecutivo de “Torneos” confesó haber pagado coimas a dirigentes de la CONMEBOL, a cambio de la exclusividad de derechos, o sea: ventajas para su empresa “Torneos”, e incluso para “Fox Sports”, que actualmente transmite la Super Liga Argentina.

 

Es decir: corruptos son los dirigentes que aceptaban la plata de la corruptela. Pero también, los empresarios que pagaban la coima. O sea, “Torneos”. O sea, el grupo Clarín, dueño del 50% de la empresa.

 

Sin embargo, los únicos malos de esta historia serán los dirigentes de fútbol. ¿Por qué? Porque “Torneos” suscribió un “acuerdo” (!!!) con el Departamento de Justicia de Estados Unidos, en el que éste se comprometió a “no acusar a Torneos y Competencias sobre la base de su cooperación plena y sustancial”. Claro, zafar no le salió gratis a la empresa: debió pagar casi U$S 113 millones…

 

Por ese acuerdo, nunca se sabrá de dónde salieron los U$S 110 millones que Burzaco dice que “Torneos” pagó como coima. Nunca se castigará a la empresa por haber obtenido beneficios gracias a la corrupción, abonados con plata que seguramente es “negra” pero que a la justicia yanqui no le importa. Para lavar su imagen pública aquí, “Torneos” despidió a once ejecutivos de alto rango implicados en el caso.

 

Por eso, en el testimonio de Burzaco sólo se habla de dirigentes de fútbol. Y el gran acusado es un muerto -Julio Gron-dona- y algunos de sus laderos. Los “vi-vos” del otro lado del mostrador de la corrupción, están bien ocultos e incluso, protegidos por la justicia norteamericana.

 

Este dato fundamental no trascendió por una investigación periodística, sino por una nota firmada por Alberto Fernández en Infobae. Ahora bien: el convenio tiene vigencia en EEUU, donde se lleva a cabo el juicio, pero… ¿y la justicia argentina? ¿No debería actuar de oficio, sabiendo que semejante millonada fue usada para corromper?

 

El silencio mediático a este respecto, es una muy mala señal.

 

Federico Arias (Columnista de Revista “La Bocina”)

Especial para Revista “Mi Barrio”

 

 

 

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