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Al Maestro Antonio Pujía

21 de junio de 2018

Con una profunda tristeza recibí la noticia. No lo podía creer, tuve que hacer varios llamados para confirmarlo. El sábado 26 de mayo falleció el Maestro Escultor Antonio Pujía.

 

Lo había visto el 18 de marzo,  Día del Barrio Villa Real. Venía siempre a mis charlas, le gustaba recordar hechos del Barrio y conocer otros datos. También leía mis notas y solía llamarme.

Tuve la suerte de hacerle unos reportajes en el 2010 que hoy los vuelvo a evocar y viene muy bien para conocer a este noble ser humano que fue Antonio Pujía. Hoy me parece mentira tener que hablar en tiempo pasado.

Nació el 11 de junio de 1929 en Polia, sobre los Apeninos Calabreses, Italia. Vino en el año 1937 a la Argentina. Vivió un tiempo en el Barrio de Caballito, en la calle Campichuelo 560 y luego su familia se afincó en Versalles, primero en la calle El Ferrocarril 6349 y luego en Lisboa 769, frente a la Plaza Ciudad de Banff.

 

Me dijo que lo emocionó mucho el abrazo que le dio su papá, que lo estaba esperando en el puerto. El había venido dos años antes. Trabajó y juntó un dinero para pagar los pasajes de su mamá, su hermana y él. Recordaba que su mamá lo invocaba a su papá  todos los días en la lejana Italia.

 

Me contó las dificultades que tuvo cuando fue a la escuela, “ No me entendían por el idioma, extrañaba a mis compañeros, era introvertido y  se reían de mí. Estaba perturbado, dibujaba en las márgenes del cuaderno para no gastar hojas.  …la maestra Teresa no solo no me retó, me palmeó y le pidió a mi compañera que me prestara los lápices de colores…eran una joya para mí,…era la primera vez que veía algo así.  Entonces dibujé en la hoja…  era la figura de un diarero… la maestra me llevó a la dirección  y a todos los grados para que viera lo que había hecho. Esto cambió el humor y empecé a sentir la escuela como un lugar normal. Teresa fue providencial para mí,  y también me abrió la ventana y la puerta de mi vida…. Fue una manifestación embrionaria y mi primer éxito en el idioma universal que es el arte…por eso, años después,  hice una exposición: Homenaje a la Mujer, por medio de mis esculturas que expuse…en el Museo Sívori…

 

Y cuenta que el Dr. Forlani hizo  una excelente interpretación  del dibujo: en mi pueblo no había diareros, era un personaje nuevo y era el canillita el que llevaba la noticia, el comunicador, era el intermediario de la comunicación, justamente lo que me faltaba, la expresión verbal. Pasado los años yo empezaba a ser conocido y volví a la escuela después de 30 años, quise encontrar a mi maestra, pero no di con ella, y era probable que ya no viviera….

 

Recordaba porqué su familia llega a vivir al Barrio de Versalles: Vinimos con mi papá y un amigo, tomamos el colectivo N°11, porque se remataban unos lotes próximos a la Estación y mi papá compró uno.

 

Ante mis deseos de conocer más de su vida me contó que la mudanza al barrio la hicieron en un solo viaje en un carro con caballo, carecían de muchas cosas pero dijo: teníamos “radio propia”, era a lámpara y válvulas. En mi pueblo, el farmacéutico ponía la radio fuerte los días domingos, para que nosotros pudiéramos escuchar. Yo pensaba que había adentro de la radio gente chiquita que hablaba. También mi papá había comprado una máquina de fotos, toda una novedad para mi… Recuerdo al Trencito, lo oíamos de casa, era muy ruidoso y yo llevaba mis cabritas a pastar al costado de las vías. En una oportunidad el Trencito se llevó por delante una de ella y la despidió. Vino enseguida un señor y la cargamos en la carretilla, la llevamos a casa donde la curamos y por suerte sobrevivió al golpe. Ese señor era Ernesto Lopardo que trabajaba en el ferrocarril. Después resultó mi maestro en la Agrupación Scout, nos seguimos viendo…y quise que estuviera en la película llamada “La muestra”… que se estrenó recientemente…

 

Cuenta Antonio que tenían 5 0 6 cabras que le proveían de buena leche y él, mientras las cuidaba dibujaba, las utilizaba de modelo. Con los años se dio cuenta  que su pueblo natal fue la primera escuela, donde aprendió a dibujar y modelar con arcilla. En Polia, recuerda, se vivía del trueque, se cambiaba el queso por  un remiendo de ropa hecho por su mamá, que también tejía al crochet. Por entonces los juguetes nacían de sus propias manos, el material que utilizaban los antiguos alfareros, marcaron su vocación…para la navidad, era el encargado de hacer los cuerpos y las caritas de las figuras del pesebre.

 

Los maestros de la escuela  le recomendaron a sus padres que lo enviaran a estudiara dibujo y pintura.

Antonio se enteró que cerca de su casa, en Santo Tomé y Manuel Porcel de Peralta vivía un escultor: Carlos Ruzzier, maestro que nunca olvidó

 

yo pasaba siempre que podía y observaba desde afuera… El encuentro con mi primer maestro  fue una felicidad para los dos. Carlos le enseñó los secretos de la escultura que siguió practicando siempre. Lo invitó a trabajar en su taller donde hacía las prácticas para la escuela. Fueron importantes los consejos que le dio….el maestro me conectó espiritualmente con Polia,  donde había comenzado a modelar…

 

En 1943 entró a la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano. Los estudios continuaron en la Pridiliano Pueyrredón donde tuvo de maestro a Troiano Troiani. Seguirá en la Escuela Superior Ernesto de la Cárcova, finalizando los estudios en 1954. Sus notables maestros fueron: Alberto Lagos, Alfredo Bigatti, José Fioravanti. Ejerció la docencia en las tres escuelas mencionadas. En su Taller, cada sala lleva el nombre de sus maestros: Alberto Lagos, Troiano Troiani, Jose  Fioravanti, Alfredo Bigatti y Carlos Ruzzier.

 

El Maestro Fioravanti, con quien estaba trabajando, le contó que se iba a realizar un concurso para elegir un  escultor para el taller de escenografía del Teatro Colón que organizaba el pintor Basaldúa. No estaba seguro de participar pero Fioravanti insistió y finalmente ganó el concurso. Fundó el Taller de Esculturas Escenográficas en el Teatro Colón en 1956. Ahora el Taller de escenografía lleva su nombre, algo bien merecido. Recuerda el Maestro: Fue idea de mis discípulos de entonces, ellos sugirieron ponerle mi nombre, eso fue en el año 2000. El Director del Teatro Colón lo autorizó y fui invitado al acto…

Trabajé 15 años. Basaldúa venía frecuentemente a controlar, siempre quedaba conforme. Me fui del Teatro Colón lamentando mucho, lloré varias veces…ya me iba muy bien con mis trabajos de esculturas…había formado un equipo de trabajo de seis o más escultores. El Director General Arquitecto Moreno no me quería dejar ir…

 

Realizó viajes de estudios en el exterior. Fue nombrado Caballero del Mérito de la República Italiana en 1982 y en 1992 Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. Participó en innumerables exposiciones colectivas e individuales. Es imposible enumerarlas a todas.

 

Le pregunté  ¿Cómo se inspira para realizar sus obras?

 

La sociedad me da los temas, los sentimientos y es importante que a través de la obra vuelva a ella. Mi familia, mis nietos también me ayudan. Estoy feliz por haber vivido todo lo que viví y vivo. Lamenté mucho la pérdida de mi mamá a los 77 años. A papá lo tuve hasta los 90…en este camino encontré el sentido de la vida, tengo la compañera ideal, Susana. El destino ha sido altamente generoso conmigo. Se cultivar la modestia, soy así…mi madre me decía: no te agrandes, no te adelantes, los aplausos y los diplomas te lo dan los demás” sigo trabajando con el mismo ritmo.

 

Le pregunté como era su día, (de esto hace 8 años).

 

Desayuno y después hago todas las mañanas unas caminatas de 45 minutos o más…a veces llego hasta Versalles, otras a Villa Luro, a veces voy hasta Nazca y vuelvo…miro los árboles, siento los beneficios de esta actividad. Llego a mi taller, continúo con el trabajo que interrumpí la noche anterior, por la mañana no atiendo a nadie, me tomo un café o un té y trabajo hasta las 12, camino hasta mi casa donde mi cocinera me espera para el rito del almuerzo a las 12, 30 horas. Por la tarde la caminata es más corta y ya está mi ayudante esperándome en el taller y trabajo hasta las 19,30 horas. Espero seguir este ritmo y que el destino me permita hacerlo…

 

Fueron muchos años de trabajo intenso, de mucho aporte personal, de mucha entrega. Me parece mentira que hoy tenga que recordarlo en su ausencia. También quise evocarlo en sus sentimientos, en su espiritualidad. Su infancia humilde, su familia que le dio mucho cariño, buenas enseñanzas. Tuvo que soportar lo que hoy se llama bulling de sus compañeros, pero esto no le prohibió tener  un sitial importante. Su obra fue y será siempre muy reconocida, por su calidad, por su excelencia, por sus inspiraciones única.

Ya todos lo estamos extrañando, sus compañeros, su taller, sus amigos. Ya no recibiré sus llamados donde me decía “…ayer me desbarraste en tu charla”.

 

Antonio Pujía dejó mucho de su vida, de su obra para que nadie olvide a este

¡¡¡ Maestro con Mayúscula¡¡¡

 

 

Susana Haydee Boragno

 

susanaboragno@fiberel.com.ar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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