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Arroyo Cildanez- Arroyo de la Sangre

2 de julio de 2018

El Arroyo Cildanez era un conjunto de zanjas que serpenteaban en un vasto territorio que permitía, en tiempo de lluvias, desaguar en forma natural a las aguas del Riachuelo. Integraba un bañado con una belleza natural propia con sus lagunitas bordeadas de sauces y seibos, junto a  una fauna acuática de anguilas, bagres, tarariras y pobladas de patos, teros, ranas, nutrias, etc

En los planos de la Ciudad de Buenos Aires del año 1895 se observa cuando  cruzaba la proyectada Avenida  General Paz ingresando zizagueante entre las tierras de Juan C. Boerr y las de F.Bollini y Emilio Bieckert entre otros propietarios, tierras que habían integrado el Partido de Flores. Cobró protagonismo después de las inundaciones  del 23   de septiembre de 1884. Las fuertes lluvias que soportó la ciudad afectaron a todas las esferas sociales, siendo índice de esta preocupación la intervención del presidente, Julio A. Roca, que partió de la Casa de Gobierno en un carro del Ministerio de Guerra acompañado por su edecán Sr. Gramajo. Su presencia imprimió acierto, movimiento y celeridad Se sumó un reporter del Diario la Tribuna Nacional.

Del mirador del edificio de los Corrales  se divisaban unidas por el agua  la Boca, Barracas  y las inmediaciones de Flores. El presidente, al ver el estado del Matadero Público  hizo la conveniencia  que se “debería” trasladar ese establecimiento a un paraje más lejano de la ciudad. La propuesta se efectivizó  el 14 de abril de 1889 cuando se colocó la piedra fundamental en la zona de Liniers Sur.  La inauguración oficial fue el 1°/5/1901. Este límpido zanjón, comenzó a venir cargado de residuos peligrosos con sustancias orgánicas  que producían gases pútridos que lo tornaban tóxicos, repugnantes y graves para los vecinos, especialmente en verano donde se incubaban moscas mosquitos e insectos que eran vectores de terribles enfermedades. Fue un problema sanitario y social

En los comienzos, las faenas  se hacían en las playas de matanza.  Como era costumbre en los Corrales Viejos, asistía público para ver la matanza y había quienes tenían ciertas creencias que algunas enfermedades se curaban encerrando a un niño en el vientre vacío de la vaca recién carneada para recibir el “baño de calor”. Se podía ver gente paqueta, bien vestida pero que mostraba signos de sufrir tuberculosis o de reuma deformante.  Los “extranjeros” como les llamaban, solían pedir “por favor” una copa de sangre caliente del animal degollado, que con una cucharita larga la batían y la bebían a sorbos cerrando los ojos con la esperanza que se produjera el milagro: frenara la tisis, la tos y que su tuberculosis se curara. Lo repetían diariamente,  algunos se curaban y otros se cansaban de hacer esos largos trayectos del centro a los mataderos. A la gente del lugar le costaba entender, que ellos que carecían de buen calzado y ropas adecuadas crecían sanos. Con el tiempo se prohibió la presencia de asistir a ver la matanza de los animales.

Era un espectáculo ver el trabajo de los mucangueros, los que recogían la mucanga, residuos no comestibles. Los chicos se ayudaban con unos alambres de púa que cruzaban en el arroyo, para luego recoger la grasa, trozos de sebo, tiras de mondongo que colocaban en grandes tachos, para vender a las graserías. En su juventud, el boxeador Justo Suárez se encontraba entre ellos. Cuando se abrió el frigorífico, absorbió el trabajo de las playas abiertas y finalizó el trabajo de los mucangueros, (12/9/31)

 

En 1925 hubo un Proyecto Orgánico para la Urbanización del Municipio, se lo conoció como Plan Noel, proponía “…la ruta de la sangre unirá el Matadero por el Cildañez con el Riachuelo…”.

 

Debido a las inundaciones que soportaba la capital, el gobierno encaró un proyecto de obras de desagüe pluviales y el entubamiento de los arroyos.  El Congreso Nacional lo aprobó.

 

El primer tramo del arroyo Cildañez se entubó por la calle Francisco Bilbao después de cruzar la General Paz, doblaba por Murguiondo, seguía hasta Remedios y doblaba hasta Basualdo, (1939/40).   Cuentan los antiguos vecinos que el cauce natural del arroyo iba por Eugenio Garzón pero lo llevaron hasta Remedios porque empalmaba justo con el desagote del frigorífico, y así podían verter los desperdicios.

 

En Basualdo, estaba la Cámara de Confluencia.  Recibía, sin previo aviso  la descarga del aliviador del arroyo Maldonado.

 

Las obras se detuvieron por muchos años, en parte por las dificultades que trajo el conflicto bélico, escasez de acero, de fuel-oil.

 

La Nación titulaba el 17/10/1957: Anhelos vecinales a la vera del Cildañez, un arroyo de tristes historias que debe ser ocultado.  En 1957 se constituyó la Comisión Pro Entubamiento del Arroyo Cildañez que tuvo la adhesión de los centros políticos de la zona, con más de 70 instituciones. Las obras no continuaron, debido al Plan de Austeridad del Gobierno (1958). La Nación publicaba el 12/2/58: El tema pueden resolverse de dos formas: la primera sería depurar sus agua y la segunda construir un  establecimiento de depósitos cloacales, todo ello independiente del entubamiento mismo…” El arroyo continuaba a cielo abierto y estaba lleno de tristes historias. No tenía muros de contención en sus orillas. Los chicos jugaban y muchas veces se caían a sus aguas  infectadas,  era una muerte segura, lo mismo que los ciclistas y los carros de lecheros. El entubamiento se concretó cuando las empresas IACUSA Y ODISA ganaron la licitación convocada por la Municipalidad. Las obras finalizaron con el “Gran Acto del Triunfo”  con la presencia del Intendente. Rabanal  y  el Vicepresidente. Dr. Perette. Se le había puesto la “Tapa al  Cildañez” a este inocente arroyo que se convirtió en un peligro para la comunidad.

 

Susana Boragno

 

 

Nota de Redacción: Este Trabajo, es parte de una Investigación del Arroyo Cildañez, que obtuvo el Primer Premio en el Concurso “Historia Bajo las Baldosas”, organizado por el Gobierno de  la Ciudad, y Coordinado por la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico y Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, el Premio fue entregado a la autora Susana Boragno en Septiembre de 2004, en el Colegio Otto Krause.

 

 

 

 

 

 

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