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La Herrería en la Historia de Mercedes.

26 de diciembre de 2018

En el Museo Histórico Municipal Miguez  se presentó el libro “La Herrería Tradicional de Mercedes”, obra de los autores Carlos Dagnino y Mariano Echazú Lezica. Fue editado  por la Comisión Municipal de Patrimonio

Cultural y Natural  de Mercedes que premió la acción sistemática de identificación, registro,  inventario de obras que embellecieron el espacio público hasta el presente. Y para que se valoren y  que no se amontonen como hierro quieto en algún galpón esperando ser nuevamente fundidas,  perdiendo así su valor artístico. Este buen accionar es beneficioso para la propia comunidad: rescatar  la herrería artística en  su equipamiento urbano y rural

La herrería tradicional en Mercedes se desarrolló mayoritariamente entre mediados del siglo XIX y comienzos del XX.  Está expresado en las rejas de ventanas, algunas con elementos de fundición, balcones de plantas alta y baja, algunos enriquecidos con mármol y bronce,  montantes de cancelas de los interesantes zaguanes,  cornisamentos.  Portales de accesos, algunos de forma ojival, de fina filigrana y de excelentes facturas que podrían inspirar a algún poeta. Galerías enrejadas  de la zona rural, en las quintas, en las estancias en prevención del ataque del indio, coronamiento de aljibes y rejas de pulperías. Primero fueron  de trazos simples, luego se enriquecieron con elementos de fundición como rosetas, flores, mariposas, creando verdaderas obras de arte al aire libre. Fueron como una exposición permanente,  ante el orgullo del artista realizador, de una obra irrepetible.  Muchas se han perdido porque sus propietarios, no valoraron a estos bienes sentimentales, culturales que conformaban el patrimonio regional. Fue una artesanía de raíz hispana y se favoreció de las manos laboriosas de la inmigración mayoritariamente italiana que se sumó en gran escala a esta población. Algunas obras deambularon de una estancia a una casa, de una pulpería a una quinta y hubo que seguir las pistas para documentarlas. Hoy están de moda los murales que embellecen las paredes de los edificios, por entonces eran los herreros que exhibían sus obras.

 

Muchos de estos trabajos  fueron realizados en talleres de herrería o  por anónimos artesanos. Una guía comercial de 1873 enumera algunos  nombres: Benatti, Hauret, Landini, Negri, Volpe, Tomano, Del Búa, etc.

 

Los trabajos de herrería iban más allá de ser un elemento de seguridad que limitaba lo privado de lo público.

Así se expresó el arquitecto Carlos  Moreno en la presentación del libro: “ la herrería es una obra escrita pero de otra forma…Mercedes era un importante lugar de paso y  tenía la característica de pueblo sensible para preservar estas rejas artísticas…para otros la identidad no es un elemento importante, vale si sirve…hay que tener afecto profundo por lo que se tiene…hay que rescatar a  estas obras irrepetibles que son identidad local, bonaerense …es un derecho ciudadano que debemos cuidar…hoy el progreso es puro consumo y no dura la vida de la gente…  las aberturas se utilizaron como elementos reguladores de paso entre el interior y el exterior. Eran netamente funcionales a las necesidades. El control de acceso fue necesario por seguridad y para proteger el ataque de animales o de personas, en algunos casos fue  condición de vida o muerte…

Dagnino recorrió 35 años la ciudad y la región rural, con su máquina de fotos. Las que no estaban  las completó con sus dibujos. A través de las imágenes se  recuerda la cárcel inaugurada en 1876 con la visita del presidente Avellaneda, la desaparecida pulpería de Torres, la reja de la Estación  del F.C. Sarmiento,  de la casa donde se alojó el presidente  Sarmiento durante la epidemia de fiebre amarilla 1871, del Colegio San Patricio,  el balcón del Palacio Municipal,   la casa que habitó  el general Angel Pacheco,  las cancelas de la  Sociedad Rural, del Colegio de Escribano, la  galería enrejada de la Estancia de José Arce, aljibe de la estancia  Santa Catalina. Rejas de pulperías en el pueblo de Altamira o la pulpería de Bordalé o la  de Portalaborda etc..

 

Indagando a la historia de la herrería a través la obra escrita  del padre Furlong, los primeros oficiales herreros que llegaron a estas tierras  fueron lusitanos y flamencos.  Construyeron los molinos de viento,  las cerraduras de las cajas del archivo. Fabricaron los estribos de hierro, sillas de montar, cruces para las iglesias, reja para arado, etc.  El hierro era escaso. En 1699 llegó a Buenos Aires una buena cantidad de hierro español y el Cabildo pidió que una tercera parte quedara en la ciudad para los vecinos.  Avanzando en el tiempo se comenzó a confeccionar rejas, puertas, cancelas con interesantes elementos decorativos. A mediados del siglo XVIII las herrerías estaban en su apogeo.

 

Los jesuitas instruyeron a los indios, que llegaron a ser eximios herreros. Uno de los jesuitas ante la demorada llegada de un yunque y los fuelles  “ se puso a martillar  todo el día componiendo, en poco tiempo todas las hachas y los asadores…”

 

 

Las herramientas fundamentales de los herreros son los fuelles, las fraguas, tenazas, martillos, limas, taladros, yunque, bancos, tornos, etc. El trabajo de la herrería consiste en el forjado, el calentado y templado del material, el hierro. La técnica se basa en la ductibilidad  del material calentándolo y mediante golpes de martillo puede ser forjado cambiando sus formas, transformando el lingote inicial en barras, varillas, chapas y perforando con un punzón caliente.

 

Cada reja forjada expresaba los modos  y los gustos de la época y fueron un buen testimonio de la sociedad mercedina que hoy lo podemos encontrar en esta excelente  publicación.

 

 

Susana Boragno

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