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El camino de salida de la Pandemia propone llamarse Solidaridad

11 de mayo de 2020

Por Leonardo Farias – Titular del CEDET.

 

Los días que corren nos llevan de manera recurrente a preguntarnos por el futuro cercano después de la Pandemia del COVID19. Con frecuencia las conversaciones entre  amigos, familia o conocidos  incluyen reflexiones o preguntas acerca de cómo será lo que viene: ¿Como será la vida después de la Pandemia?, ¿Cuanto pasará para que todo vuelva a la normalidad?, ¿Volverá todo a la normalidad?

Claramente nadie está en condiciones de afirmar nada. Ni científicos, ni políticos, ni epidemiólogos, ni opinologos, ni cualquiera de nosotros. El futuro es incierto, al menos hasta que aparezca la vacuna. Podríamos acordar que sea como fuese, lo que si habrá son cambios profundos en diversos  aspectos. Cambios que tienen que ver con los hábitos cotidianos, de comportamiento social, de producción,  de consumo. Cambios que prevén importantes alteraciones en las relaciones interpersonales y en los modos y las modalidades de las relaciones humanas tal cual hasta hoy las ejercíamos.

La regla universal dice que después de cada crisis hay una oportunidad. Entonces es urgente parar la pelota y reflexionar. Sin duda esos cambios que ya están en marcha deberían tener una impronta mas humanista y solidaria. Tomar la crisis como punto de partida para lograr una cohesión social que ayude a ir marcando un nuevo rumbo en la sociedad argentina, y claramente, del mundo.

Hasta antes de la aparición de la Pandemia, la sociedad global avanzaba (que no siempre es sinónimo de evolucionaba) hacia un lugar un tanto despojado de humanidad para ser generoso. Hasta ahora la globalización, hegemonizada por el capitalismo sin límites y el consumo desaforado, no pudo con el virus que pone en jaque el orden mundial actual. Y no por la virulencia y transmisibilidad del virus mismo sino por la falta de respuesta ante la situación catástrofe que este genera.

 

Muy claro y contundente fue el Ministro de Desarrollo Social de la Provincia de Buenos Aires, Andres Larroque, hace unos días: “La humanidad tiene un problema que es el estar narcotizada por la persecución de la ganancia como valor hegemónico de la construcción de sociedades. Creo que nosotros debemos apostar a otros valores. Valores que, a prioi, parecen no convenir. Creo que la solidaridad debe ser el eje vertebrador de una sociedad. Lo digo, no solo porque es lo que corresponde en términos morales, sino porque creo fervientemente es lo más eficaz en términos pragmáticos para construir una sociedad integrada”.

Sin embargo, desde las sociedades y los Pueblos (también algunos Estados como el argentino, hay que decirlo) emergen un sinfín de alternativas, de todos los tamaños y colores, que tienen como valores rectores la solidaridad, la igualdad, la creatividad, la generosidad y en donde la asistencia permanente evita todos los días miles de muertes mas.

Sin lugar a dudas lo mas angustiante para la mayoría de las personas es la incertidumbre de no saber lo que viene, (en combinación dramática) con la certeza de sí saber, que no habrá lugar en el mundo donde escapar si no nos gustan las nuevas reglas de juego. Nos tendremos que adaptar a lo que venga sin opción alternativa.

Un cambio social inevitable: cuando llegue el momento en que podamos salir, las normas sociales serán otras.

Así hemos podido verlo en algunas de las primeras ciudades afectadas, como Wuhan (China). La que tuvo que controlar todo tipo de interacción en sus calles aún cuando se estancó la tasa de fallecidos. Con ello, podemos asimilar que las ciudades ya no serán las mismas; pero sobretodo debemos reconocer por adelantado que eso afectará principalmente a las personas más vulnerables de cada país. El actividad laboral, recreativa, cultural, académica, etc deberán reformularse.

Un informe de la “Red Intercontinental de Promoción de la Economía Social Solidaria” de hace dos semanas dice: “El reto al que nos enfrentamos es cómo construir un modelo alternativo de desarrollo, impulsado por las necesidades de todos los pueblos y comunidades del mundo, y la protección de nuestro planeta.”.

Desde tiempos ancestrales, las comunidades nativas e indígenas han administrado los recursos y bienes de la naturaleza para el beneficio común y de forma sustentable. Tal vez ahí este el nuevo faro a seguir en el océano de la incertidumbre.

Pero hay que ir más allá, los Estados deberían estar reforzando el acceso universal a los servicios esenciales como la atención sanitaria, la asistencia social, el derecho a la alimentación y la protección social. Acá, en Argentina, en el corazón de la Ciudad de Buenos Aires el Gobierno porteño aun no garantiza el agua potable en los barrios más carenciados. La Ciudad más rica del país sin lo básico para que las personas se higienicen. Esas son las fatalidades de las sociedades modernas. Que como decía antes puedan subirse al tren del progreso pero claramente no de la evolución.

Otro agujero negro que genera la no respuesta del “sistema” es el de índole laboral. La
Organización Internacional del Trabajo, a través de su Director General, Guy Rider, expresa: “Nuestro objetivo deber ser reconstruir todo mejor, de manera que nuestros sistemas sean más seguros, más justos y más sostenibles de los que permitieron que esta crisis ocurriera, y más eficaces para amortiguar las consecuencias de las futuras crisis sobre las poblaciones de todo el mundo.”  Y así también se podría ahondar en otros aspectos como la salud, la educción, la cultura, etc.

 

Lo que viene dependerá del rumbo que le demos entre todos y todas. La premisa “Nadie se Salva Solo” es un leitmotiv que debería asistirnos siempre a la hora de (re) construirnos como sociedad. Sobre todo porque quedó demostrado que si cada uno se piensa solo ante la adversidad todo empeora indefectiblemente. Lo que viene, si bien es incierto, nos propone un ejercicio fenomenal: trabajar codo a codo solidariamente para hacer del planeta un hogar más humano y mejor vivible.

 

 

 

 

 

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