Doná sangre

¡Chau Piropo!

5 de abril de 2021

La palabra piropo viene del latín pyropus, que significa “rojo fuego” y los romanos la tomaron del griego para clasificar piedras preciosas de color rojo como el granate.

Quienes no podían regalar estas piedras a una mujer, recurrían entonces a regalarle lindas palabras elogiando su belleza; y así fue como nació la costumbre de lanzar piropos. Un piropo es como regalarle a una bella mujer un rubí.

 

Otra teoría, en cuanto al significado original de la palabra pyropus, introduce una pequeña variante y nos dice que significa “fuego en la cara”.

Sea cual fuere el origen, está claro que el piropo se utiliza a menudo como un arma de seducción, una lisonja, un requiebro, que provoca con frecuencia el sonrojo de la persona a la que va dirigido.

 

Pero ahora hay una ley dispone castigar al piropeador multándolo por “acoso callejero”. 

Y a propósito:

 

La historia vuelve a repetirse…(por las dudas omito aquí lo de:  mi muñequita dulce y rubia)

 

En 1906, más precisamente el 28 de diciembre de ese año, el entonces jefe de policía Ramón Falcón hizo circular una ordenanza advirtiendo “que nadie sea molestado ni provocado con ademanes o palabras que infieran ofensas al pudor”. El acoso verbal, incluyendo los piropos, ya entonces era motivo de multa (50 pesos).

 

La finalidad de esta ordenanza era proteger a las Señoras y Niñas de los que “les eyaculan palabras al oído”, como escribió Oliverio Girondo.

 

Y fue así como nació el tango “Cuidado con los 50”, de Ángel Villoldo, que esgrime advertencias a los acosadores callejeros:

 

¡CUIDADO CON LOS 50!

 

Una ordenanza sobre la moral

decretó la dirección policial

y por la que el hombre se debe abstener

decir palabras dulces a una mujer.

 

Cuando una hermosa veamos venir

ni un piropo le podemos decir

y no habrá más que mirarla y callar

si apreciamos la libertad.

 

¡Caray!… ¡No sé

por qué prohibir al hombre

que le diga un piropo a una mujer!

¡Chitón!… ¡No hablar,

porque al que se propase

cincuenta le harán pagar!

 

Y al final aclara:

 

-Yo, por mi parte, cuando alguna vea,
por linda que sea, nada le diré.

 

Luis Alposta

 

 

 

 

 

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