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Sustituir el Consumismo

15 de septiembre de 2021

La eliminación del comportamiento consumista con la consiguiente disminución del nivel de consumo de la humanidad requieren, como mostramos en la nota anterior de tres tipos de acciones: un cambio cultural significativo, una transformación importante del sistema socio económico y el desarrollo de herramientas orientadas a promover comportamientos sustitutivos.

 

El principio básico en función del cual estos tres tipos de acciones deben articularse, es no pretender limitar el consumismo buscando reducir el consumo directamente – como se intentó hacer por ejemplo con la ley seca para restringir el consumo de alcohol – sino sustituyéndolo por otros comportamientos que lo suplanten. Comportamientos sustentados en valores culturales diferentes, vinculados a otras condiciones socio económicas de vida, e insertos en sistemas de poder distintos a los vigentes actualmente.

 

Los valores culturales diferentes, suponen una transformación de la escala de importancia asignada a maneras de ser y hacer, en las que hoy se asienta el consumismo. Es muy probable que a medida que vaya aumentando la conciencia social sobre el peligro que corre la naturaleza y la humanidad a causa del aumento del consumo humano, vayan perdiendo valor muchas maneras de actuar, pensar y sentir, vinculadas al mismo, hoy consideradas prestigiosas o inevitables. Tales como, por ejemplo, desde lo individual, seguir las modas, que obligan a desechar la ropa, los vehículos, las computadores o los celulares, cada uno o dos años y adquirir compulsivamente otros nuevos. O, desde las empresas, la obsolescencia programada que imponen a gran parte de sus productos, para que duren lo menos posible y deban ser cambiados por otros. O, desde las entidades financieras, la masificación del crédito y el endeudamiento, que posibilitan seguir consumiendo aunque no se disponga de dinero para hacerlo.

 

Es probable también que, acompañando este proceso de cuestionamiento creciente al consumismo y sus consecuencias, se vayan valorando pautas de conducta nuevas, tales como dejar de usar envases no bio-degradables, o reciclar la basura, o desarrollar huertas familiares, o utilizar energía renovable. Sin embargo, el cambio cultural requerido para suplantar el consumismo, va a poder lograrse plenamente, cuando el núcleo de valores y creencias básicas de la civilización del CUIDAR…NOS se desarrolle y difunda. Porque recién entonces va a ser posible sustituirlo por la valoración y asignación de prestigio social a comportamientos, formas de pensar y maneras de sentir, que nos integren fuertemente con la comunidad humana y natural, a la vez que las protejan y potencien. Tales como, por ejemplo, la asignación de valor a la participación ciudadana directa en el análisis y solución de los problemas comunes, al desarrollo colectivo de sistemas de información y científicos con acceso abierto, al desenvolvimiento masivo de deportes, ejercicios de cuidado corporal y actividades artísticas, a la protección socialmente organizada y multitudinaria de la flora y fauna local, a los aportes comunitariamente integrados para mejorar los sistemas eco productivos en particular y productivos en general, etc. En la medida en que los valores en que se asientan estos comportamientos, maneras de pensar y formas de sentir se expandan en las sociedades, los valores que hoy sustentan y promueven el consumismo, irán siendo sustituidos, hasta eliminarse.

 

Por otra parte, cuando hablamos de las condiciones socio económicas de vida que es preciso cambiar para suplantar el consumismo, nos estamos refiriendo al circuito de exigencias mentales y fácticas, que convierten a una manera de vivir, en inevitable y aceptable, socialmente hablando. Al igual que en todo circuito, estas exigencias están articuladas unas con otras, reforzándose mutuamente y creando un proceso de alimentación y retroalimentación continuo. Una apretada y por demás limitada descripción del mismo, sería la siguiente: el deseo de consumir y poseer cada vez más objetos, genera la necesidad de obtener más dinero para lograrlo, lo cual impulsa la necesidad de trabajar más u obtener mayores ingresos de la forma que sea. Esta primera parte – personal o individual – del circuito, se complementa con la segunda parte – organizacional o social – compuesta por: la exigencia de crecer económicamente alimenta el deseo de mantener o aumentar la rentabilidad de las empresas, lo que hace necesario producir y vender más, para lo cual se deben crear más puestos de trabajo o automatizar y tercerizar los procesos productivos, comerciales y financieros, a la vez que imponer a la población el requisito de ascender en el status social consumiendo y poseyendo más objetos. El circuito completo se cierra y retroalimenta, cuando la imposición social de ascender socialmente, se articula con el deseo individual de consumir y poseer cada vez más objetos.

 

Este circuito, que hoy configura la manera de vivir de gran parte de la población mundial y absorbe la mayor porción de su tiempo de vida, debe ser reemplazado por otro. Uno en el cual la necesidad de vivir y gozar la vida plenamente, en toda su amplitud, diversidad y riqueza, se convierta en la base de un nuevo circuito de exigencias y necesidades; en lugar de concentrarse en consumir y tener más. El mismo, de nuevo en una apretada y limitada síntesis, podría describirse de la siguiente manera: el deseo de gozar plenamente la vida, genera la necesidad de dedicarse a aquellas actividades que producen dicho gozo y desarrollan tal plenitud, lo cual lleva a ampliar y profundizar la realización de diversas actividades humanas convivenciales, lúdicas, familiares, cognoscitivas, educativas, meditativas, realizadoras, etc., lo que, a su vez, transforma marcadamente la distribución del tiempo de vida de cada cual. Esta primera parte – individual o personal – del circuito, se complementa con la necesidad – social u organizacional – de multiplicar, expandir y fortalecer organizaciones comunitarias, científicas, deportivas, artísticas, místicas, etc., etc., a la vez que de promover socialmente el desarrollo de actividades, vinculadas a las múltiples y distintas dimensiones humanas orientadas a alcanzar la plenitud vital. Al igual que en el circuito anteriormente visto, la promoción social de las distintas dimensiones de la plenitud vital, se vincula, refuerza y retroalimenta el deseo de gozar plenamente la vida en toda la población.

 

Al implantarse este circuito de exigencias y necesidades, las acciones destinadas a obtener más dinero para consumir y poseer más objetos, así como las organizaciones dedicadas a incrementar la rentabilidad y el consumo, perderán la prioridad que hoy detentan. Y quedarán, naturalmente, encuadrados, limitados y equilibrados, con un amplio conjunto de diversas actividades necesarias para lograr el gozo y la plenitud vital.

 

Por último, debemos tener claro que la o las herramientas orientadas a promover comportamientos sustitutivos del consumismo, deben ser diferentes al marketing que, como vimos, fue y es la herramienta central del mismo. Esto es así, no solo por las características del marketing, cuya intrínseca manipulación de las mentes es contradictoria con los principios de la civilización del CUIDAR…NOS, sino porque, además, su uso implica un poder concentrado que resulta exactamente opuesto al poder distribuido, a partir del cual se debe y se está construyendo la nueva civilización. Concretamente, las herramientas difusoras de nuevas formas de pensar sentir y actuar que suplanten al consumismo, emergen y se encuadran en la transmisión horizontal de las experiencias realizadas por los distintos grupos humanos, seguido del desarrollo y mejoramiento o perfeccionamiento consensual de las mismas. Esto es así, porque dichas herramientas están insertas en un sistema de poder construido sobre la base del contacto horizontal entre dichos grupos humanos, que va aumentando su amplitud y extensión hasta adquirir el suficiente poder como para llevar adelante los cambios descriptos en los párrafos anteriores.

 

Lic. Carlos A. Wilkinson

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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