Revista mi Barrio

Periódico barrial de Villa Real y Versalles, barrios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

UN MALÓN SOBRE LA VILLA DE LA PAZ

diciembre 14, 2015

UN MALÓN SOBRE LA VILLA DE LA PAZ 3UN MALÓN SOBRE LA VILLA DE LA PAZUN MALÓN SOBRE LA VILLA DE LA PAZ 2El robo del vestido de la Virgen Paceña- Mendoza 1868

-Juan Guillermo Durán

 

La historiografía a través de este libro de reciente aparición, trae  al presente los problemas que ocasionaban los ataques de los malones contra las poblaciones criollas.  Los actores principales eran los indios que atacaban, las poblaciones que sufrían y los militares que reprimían.

 

El Sacerdote de la Arquidiócesis de Mercedes-Luján Juan G. Durán, con el rigor histórico que lo caracteriza, llevó a cabo esta investigación,  escrita con precisión y de muy buena lectura.  Están presentes los testimonios de viajeros como Tadeo Haenke, John Miers y Samuel Greene Arnols, entre otros. Cuenta con un apéndice  documental con las notas de los periódicos  El Constitucional, El Eco de Córdoba, La Tribuna de Mendoza, más las crónicas de Lucio V. Mansilla, Fray Vicente Burela, Fray Marcos Donati, Fray Moisés Álvarez, etc.

 

 

El autor comienza reconstruyendo el origen de la Villa La Paz, localidad conocida  como “San José de Corocorto”, cuyos primeros habitantes fueron los indios Huarpes. La población surgida a orilla del río Tunuyán, fue fundada por el Gobernador de Córdoba, Rafael de Sobremonte en 1791. Se convirtió en una posta, por ser el paso obligado del camino Buenos Aires a Mendoza y Chile. El 4 de agosto de 1850 el gobierno provincial la convirtió en cabecera del departamento  La Paz.

 

Durán describe como era el emplazamiento estratégico de la Villa,  sobre sus cultivos de hortalizas, frutales y viñas que producían vinos de “muchas sustancias” que resultaban atractivos para los indios. Lo mismo que la producción de forrajes y la cría intensiva de caprinos, vacunos y yeguarizos.  Estaba muy expuesta al ataque de los indios malargüinos y luego los ranqueles. La zona había quedado desprotegida por utilizarse las tropas para contener las monteneras y por la guerra contra el Paraguay debilitando la línea de fortines.

 

El 22 de noviembre de 1868 la Villa recibió, la inesperada acción de un malón de 500 ranquelinos, con la participación de los “gauchos bandidos” que solían estar al acecho de los caminos donde  atacaban las tropas de carros y carretas. Se los conocía por sus nombres: Ayala, Camargo, Videlas de San Luis, etc.. Tenían problemas con la justicia (vagancia, peleas, muertes). Les gustaba vivir en libertad. El refugio que le daban los indios los obligaba a prestar servicios de inteligencia e intervenir en los malones.

 

La iglesia fue incendiada, saquearon sus ornamentos sagrados y los santos despojados de sus ropas, incluso el vestido de la Virgen que luego fue visto en las tolderías. El resultado fue desolación, muerte y arriendo de hacienda. El Padre Durán se propuso desentrañar esa historia del vestido que ya estaba en los relatos del coronel Lucio V. Mansilla en el libro Excursión a los Indios Ranqueles.

 

La noticia del ataque se expandió en Córdoba y Buenos Aires. Se le recriminaba al gobierno nacional que no había mandado fuerzas de protección para defender a  la población. El presidente Sarmiento se sintió preocupado por la invasión. Su ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, Nicolás Avellaneda envió una carta al misionero franciscano de Río Cuarto,  Padre Marcos Donati donde lo autorizaba a   rescatar a los cautivos y concretar tareas evangelizadoras. Existía además la necesidad de entablar negociaciones pacíficas y firmar un tratado de paz con los ranqueles. A la misión se la llamó viaje a “Tierra Adentro, Rescate de Cautivos y Bautismo en los Toldos”. En enero de 1869, Lucio V. Mansilla fue nombrado jefe de aquella frontera. El viaje a la capital ranquelina, Leubucó, en tierras pampeanas, resultó complicado por el frío, calor, picadura de mosquitos, dolores de  estómago,etc.

A la expedición se le adelantó el dominico Moisés V. Burela quien también tenía el apoyo de Avellaneda. Viajó especialmente de Mendoza,  para gestionar la entrega de cautivos. Llevó obsequios  a las tolderías: ropa, alimentos y aguardiente muy aceptada por las tribus, que comenzaron a beber escuchándose los brindis:  yapai-yapai. Dos días después, llegó Mansilla. Por el estado de embriaguez de los caciques,  le costó varios días hasta poder firmar el tratado de paz.

Los franciscanos celebraron misas. Los bautismos se realizaron en forma colectiva. La curiosidad fue el vestido de brocado con adornos de oro y encajes que no eran propios del lugar, era el vestido de la Virgen sustraído en el ataque del malón de 1868. Lo lucía una niña de ocho años que era la hija del cacique Mariano Rosas y de una cristiana. El padre Durán reconstruye esta escena a través del relato de Mansilla.

 

A fines de 1878 comenzó el ocaso de los ranqueles. Se desarticularon las últimas tolderías. Había fallecido el cacique  Mariano Rosas, lo sucedió su hermano Epugmer, responsable de la invasión a la Villa en 1868. Capturado por el General Eduardo Racedo, fue llevado prisionero a Martín García. La Villa La Paz comenzó a disfrutar de la tranquilidad. En 1883, pasó el tendido del ferrocarril, dejando de funcionar la Posta de  Colocorto.

A pesar de los años pasados, la memoria de la  población no olvida los tristes sucesos vividos a consecuencia del malón de 1868 y del relato del vestido de la Virgen de La Paz.

 

Susana Boragno

 

 

 

 

 

 

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6 thoughts on “UN MALÓN SOBRE LA VILLA DE LA PAZ

  1. CON SOLO LEER LA RESEÑA ,RESULTA MUY INTERESANTE PODER DISFRUTAR LA LECTURA DEL LIBRO QUE NARRA LA HISTORIA DE MI PUEBLO NATAL.-

  2. Soy paceño de nacimiento y radicado de Buenos Aires al leer en Facebook esta noticia me interesó la historia del sacerdote escrita y el libro que presenta ,me interesa adquirir un ejemplar, espero me indiquen la forma de hacerlo, un cariño a todos mis paceños queridos , llevo esa tierra en lo más profundo de mí corazón, además tengo a mís viejos en el cementerio de esa Villa Nueva por siempre un saludo afectuoso espero noticias por este medio .-

  3. Fidela Ferreyra de Amparán era mi tía tatarabuela y además de maestra en La Paz fue una de las cautivas de los Ranqueles. Por esta razón me interesaría saber como adquirir este libro.

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