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LOS CUATRO ASPECTOS DEL SER Y ALGUNAS CONDICIONES IMPORTANTES PARA NUESTRO TRABAJO INTERIOR

17 de diciembre de 2009

Podemos decir que nuestro ser esta constituido por cuatro aspectos que interactúan: el cuerpo físico, el ser intelectual, el ser emocional y el ser esencial.

El esencial es el aspecto único y totalmente positivo del ser que se caracteriza por estar lleno de AMOR. Se trata del aspecto no físico, que se hace sentir mas cuando somos concebidos, ya que aun no fuimos manchados con la programación negativa.

Es todo sabiduría, conocimiento, amor y fuerza. Es nuestra parte autorreflexiva, fuente de nuestra intuición, espontaneidad y creatividad.

El ser esencial es estable y centrado, nos vincula con el universo y lo divino. En suma es nuestro ser espiritual.

Vinimos al mundo con este aspecto de nosotros mismos y al no ser considerados por nuestros padres tal como somos, nos vemos forzados a asumir sus patrones ya que son nuestros modelos de cómo debemos ser, al no recibir su amor por aquello que somos, nos sentimos indignos de ser amados y tratamos de hacer todo para que nos amen.

Esto ocurre en un nivel EMOCIONAL, que corresponde a las relaciones y vínculos personales, que nos impulsan a la búsqueda de la relación con los demás. Este nivel emocional y físico comienza antes de que nuestro intelecto entre en actividad, comienza en el útero y llega hasta la pubertad.

Ese sentimiento de rechazo y la consecuente búsqueda de aceptación ocurren en especial cuando nuestros padres no nos prestan atención o tienen una actitud negativa hacia nosotros por no gustarles el modo en que nos comportamos.

Reproducimos el comportamiento de ellos (mama y papa) tal como lo percibimos y se lo devolvemos como un reflejo. Es así que nos esforzamos por ser iguales a ellos tanto en sus aspectos positivos como los negativos para lograr su aceptación y todo esto nos programa en ser lo que no somos; aprendemos a negar a nuestro ser esencial.

El desarrollo de nuestro ser emocional se interrumpe en la infancia a causa de no haber recibido valor por lo que realmente somos. Se mantiene al niño interior emocional cargando todo el dolor, culpa, humillación, vergüenza y rabia aprendidos.

Este niño interior busca en nuestro INTELECTO que emerge a pesar de que comienza a despertar en los primeros años de vida y se vuelve activo muchos años después , la validación que no recibimos de nuestros padres y es el intelecto que recurre al niño en procura de la lógica para encontrar sentido a las experiencias vividas. Pero ninguno encuentra en el otro lo que necesita, entran en conflicto, se establece una batalla, en un intento por ganar.

Cuando no funcionan comienzan a actuar en complicidad autodestructiva y el CUERPO termina manifestando los patrones y los conflictos pasando por desordenes alimenticios, tensiones ansiedad, depresión, dolores y enfermedades psicosomáticas, diversos vicios, en una palabra:

autodestrucción. Nuestro cuerpo expresa la programación negativa de la infancia y también incorpora patrones asociados con la postura física de nuestros padres; esta también la culpa por el propio cuerpo: es gordo o demasiado delgado, o lleno de defectos.

Los patrones que adoptan llegan a cambiar hasta nuestra propia química corporal.

Nuestro intelecto adulto, suele olvidarse del niño emocional y solo valoriza la lógica y el pensamiento sin confiar en los otros aspectos, cree que puede descubrir solo la solución a los problemas.

Dirige nuestra vida, menospreciando lo no lógico. Su programación, limita la visión y en su miopía usa repetidas veces los patrones aprendidos, negando la propia verdad.

El cuerpo adulto sufre las consecuencias de esa programación con el paso de los años, manifestando cada ves mas síntomas físicos; olvidándonos de la interacción mente-cuerpo como si estuvieran separados, y como si el cuerpo no fuera un reflejo de la mente.

Nuestro ser ESPIRITUAL solo aparece en algunos pocos momentos, que son preciosos instantes de paz interior y de amor, pues lo que un día completo nuestro ser hoy se halla oculto bajo camadas de programación del amor negativo, lo cual hace que nos sintamos distintos de nuestra verdadera esencia.

Nuestro ser esencial es la parte que nos hace crecer y aprender, aquel que nos trae serenidad y se empeña en la unidad y la integración.

Recién cuando se vive el valor esencial de cada uno de nuestros 4 aspectos, podemos finalmente comprometernos a encontrar una forma de reivindicar la belleza innata de cada uno de ellos y lograr integrarlos. Con esto se recupera el libre albedrío para ser del modo de que hecho somos.

Lic. Gericke Maria Cristina
Psicóloga

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2 Comentarios en este artículo

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