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Cuadernos de Historia

18 de agosto de 2010

Un Vecino de los más antiguos de Versalles, el electricista Soler, nos acercó éste trabajo sobre el Barrio de Versalles que hizo un amigo suyo Hugo Wagner, y como nos pareció muy bueno, aunque algo extenso, lo publicamos en varios y sucesivos números.
“Mi Barrio de Versalles” Evocación (1º Parte)
Quiero hablarles de mi Barrio. Mi Barrio que fue …. Y ya no es. El de mi niñez, mi adolescencia, mi juventud. El de mi melancólico y afectuoso recuerdo que hoy mueve ésta evocación. Aquel que una vez dejara atrás el tiempo, en mi tiempo que también fue el suyo y que compartimos por casi un cuarto de siglo.

Tiene nombre de palacio Francés, costumbres y modales corteses, estirpe noble y caballeresca, aunque hoy no pertenezco a él, está siempre en mis recuerdos y en mi corazón. Sigue siendo…. Mi Barrio de Versalles.

Principiaba 1937. se inauguraba el primer tramo de la Av. 9 de Julio, “la más ancha del mundo”. Troilo formaba su primer orquesta. La necesidad….. la suerte….. el destino….. determinaron que mis padres alquilaran una pequeña casa, albergue de los cinco de la familia, ellos dos nosotros tres hermanos, dos varones y una niña. Yo, el mayor, contaba 6 años de edad.

En la vieja casona de mis abuelos maternos, en Flores, Nazca y Yerbal, a metros de las Vías del F.C. del Oeste (hoy Sarmiento) se hizo la mudanza al pasaje Caranday al 900 entre Nogoyá y Santo Tomé. Era algo así como pasar de la Ciudad al Campo.

Del asfalto y la civilización a la ignota tierra fronteriza en algo más de una hora de traqueteo en Ómnibus. Ese Ómnibus 31 de color verde apagado (o polvoriento) que, resoplando unía sus dos puntos terminales Caballito y Liniers, atravesando en su recorrido los Barrios de Flores, Velez Sarsfield (Floresta), Monte Castro, Villa Luro, Villa Real y Versalles.

Subíamos por dos escalones de la abertura de atrás, sin puerta. Un guarda gris cobraba el boleto cortado de su plateada máquina colgante en la muñeca izquierda al tiempo que, tirando de un cordón pendiente del techo, indicaba al chofer que continuara la marcha. Bajábamos por la estrecha abertura delantera, en la esquina de Nogoyá y Gallardo (empedrada como hoy, pero de doble mano), al regresar los Domingos de la casa de los abuelos.

Ya de noche es esa esquina titilaba el último farol de amarillenta luz marcando un incierto límite de sombras. Con linterna en mano, mi padre iluminaba el camino de ésas últimas cuadras en penumbra. ¡¡ Toda una Aventura !!

El Pasaje
Caranday al 900 (948), hoy a menos de 200 metros de la Av. Gral. Paz que entonces no existía. Sus escasas tres cuadras entre Nogoyá y Lascano eran de tierra como la mayoría de las demás calles o pasajes. Tierra que se convertía en pegajoso barro los días de lluvia o en asfixiante polvareda en ventosas tardes de Otoño.

Abiertas zanjas entre la angosta calle y la más angosta Vereda que a veces nos recibía en su oscura agua al fallar la distancia de nuestro salto.

Sus típicos olores mezcla de pasto, hinojo, tierra… margaritas, hortensias o jazmines del país, con ráfagas inconfundibles que , según el viento, llegaban desde los hornos de ladrillos de “la provincia”.

Las profundas huellas que dejaban después del aguacero, los carros de los proveedores que diariamente pasaban voceando sus mercancías.

El color y aroma de las glicinas y retamas asomando sobre los alambrados patios de las prolijas casitas. El croar de sapos y ranas en los charcos formados después del chaparrón. Pasto y agua en las zanjas blanqueadas por la helada en las frías mañanas de Invierno que me vieron correr, de la mano de mi madre, con el blanco delantal y el moño a pintitas, unas tres cuadras que me separaban de “Mi señorita Lola” en el primero inferior de la Escuela Guillermo Enrique Hudson de Arregui 6840.

Paralela, detrás y hacia el Oeste, la calle Gana, entonces línea divisoria entre el barrio y las chacras, hornos de ladrillos y para mi imaginación de 6 años, confín con un desierto poblado de “Indios y feroces criaturas que nos acechaban”…. Pero que nunca alcancé a ver, silbatos de vigilantes con “Quepis” en sus cabezas que a caballo hacían las rondas nocturnas acompañados por ladridos de perros que parecían aullidos de hambrientos lobos.

Alquilamos la “Casita”
Caranday… al 900.
nos instalamos contentos
pues aunque humilde y chiquita
mamá la puso bonita
y fue entonces… nuestro hogar
Con patio para jugar
con flores en el jardín
y ese Diciembre, por fin
nos llegaba la …. hermanita .

Caranday fue, por casi tres años, “nuestro pasaje” hasta que un día se produjo el cambio. Calle Madero al 700, también de tierra pero lugar más “céntrico” del Barrio, casa más confortable y de dos plantas. Corría el año 1940.
Boca inauguraba su estadio “la Bombonera”, se restauraba una vez más el viejo Cabildo frente a Plaza de Mayo.

Abierto al cielo como una herida, el arroyo Maldonado nos separaba de Liniers. Unían sus orillas endebles puentes de madera. Hoy, es la transitada Av. J. B. Justo. Nacía la General Paz inaugurada en coche descubierto por Ramón S. Carrillo en 1941, criticada y calificada por entonces como la más larga….. la más vacía y …. La más inútil. El tiempo cambió la crítica y la calificación.

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2 Comentarios en este artículo

  1. tubos fluorescentes bajo consumo Dijo:

    Curioso, solo para personas normales

  2. sofia Dijo:

    hola : con mi familia vivimos en verailles a principio del año 1.940 en Bruselas 660 ya casada vivi con mi marido y mis hijos en CARANDAY 948 …. saludos

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